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Política

Bolivia cumple tres semanas de bloqueos con un gobierno que apuesta al desgaste

El país ingresa a su vigesimoprimer día de protestas con un cerco persistente sobre La Paz y El Alto. El último mensaje presidencial evitó medidas de fuerza y propuso un consejo económico sin fechas definidas.

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Persiste bloqueo en carretera clave de Cochabamba hacia el oriente
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Puntos clave de la noticia:

  • La policía utilizó agentes químicos para dispersar a sectores de la COB y el magisterio en el centro paceño.
  • Los manifestantes detonaron cachorros de dinamita en su intento de ingresar a la plaza Murillo.
  • El conflicto se enmarca en el segundo día de paro general exigiendo un aumento salarial.

Nuestro país cumple este jueves su tercera semana de bloqueos y conflictividad social en un escenario de incertidumbre política y graves daños económicos. Tras 21 días de movilizaciones, el centro de la crisis se mantiene en La Paz y El Alto, donde el aislamiento vial persiste pese a los intentos de diálogo y el evidente agotamiento de algunos sectores movilizados.

El discurso ofrecido el miércoles por el presidente no cumplió con las expectativas de diversos sectores que esperaban medidas de fuerza o soluciones definitivas. En su intervención, el mandatario evitó anunciar acciones de represión o la detención de dirigentes, limitándose a proponer la creación de un consejo económico social y un eventual reajuste en el gabinete de ministros, aunque no precisó fechas ni la estructura que tendrían estas iniciativas.

Situación en los puntos de conflicto

La Paz y El Alto continúan siendo los epicentros de la protesta, con las principales vías de acceso cortadas. Aunque la noche del miércoles los bloqueadores en la zona de Urujara permitieron el paso de 70 camiones cisterna para aliviar el desabastecimiento, la carretera fue cerrada inmediatamente después. En otros puntos estratégicos como Achocalla y Lipari, que completan el cerco a la sede de Gobierno, se ha reportado una disminución en la presencia de manifestantes, lo que ha llevado a los dirigentes a utilizar promontorios de tierra para mantener el corte de rutas.

Para este jueves, la Central Obrera Boliviana ha convocado a una nueva manifestación que servirá para medir la capacidad de movilización de los sectores sociales tras tres semanas de interrupciones. Mientras tanto, la intensidad de la violencia ha disminuido respecto a los saqueos registrados el lunes, una situación que analistas consideran una respuesta táctica de los grupos organizados para evitar el desprestigio de sus demandas.

Reacciones y tensiones diplomáticas

Las declaraciones presidenciales fueron calificadas como insuficientes por analistas y figuras políticas. El analista Franklin Pareja y el político Edwin Herrera coincidieron en que el mensaje dejó un "sabor a poco". Por su parte, el expresidente Jorge Quiroga cuestionó la invitación a un consejo económico para quienes actúan fuera de la ley, señalando que esta postura podría alentar la continuidad de los bloqueos en nuestro país.

En el plano internacional, la crisis boliviana derivó en un conflicto diplomático con Colombia. Luego de que el presidente Gustavo Petro calificara las protestas como una "insurrección popular" en defensa de Evo Morales, nuestras autoridades determinaron la expulsión de la embajadora colombiana. Bogotá respondió de manera recíproca expulsando al embajador boliviano, tensando las relaciones bilaterales en la región.

Perspectivas del conflicto

El Gobierno parece mantener una estrategia de "ganar por cansancio", apostando a que el agotamiento de las bases campesinas, principalmente de La Paz, debilite la exigencia de renuncia presidencial, que hoy se mantiene como el único pedido vigente de los sectores movilizados. Sin embargo, la falta de corredores humanitarios para el transporte de combustible y oxígeno medicinal sigue generando una situación crítica para la población.

Los próximos días serán determinantes para establecer si esta gestión pasiva del conflicto logra estabilizar la situación interna o si, por el contrario, la prolongación de las medidas de presión profundiza el deterioro económico y social en Bolivia.