Cine
La Gradiva de Marine Atlan se consagra como la sorpresa de Cannes
La ópera prima de la directora francesa obtuvo el máximo galardón en la Semana de la Crítica. La cinta explora la adolescencia y el pasado familiar a través de un viaje escolar a Pompeya.
Puntos clave de la noticia:
- La policía utilizó agentes químicos para dispersar a sectores de la COB y el magisterio en el centro paceño.
- Los manifestantes detonaron cachorros de dinamita en su intento de ingresar a la plaza Murillo.
- El conflicto se enmarca en el segundo día de paro general exigiendo un aumento salarial.
La película francesa La Gradiva, ópera prima de la directora Marine Atlan, se consolidó como la principal revelación del Festival de Cannes tras recibir el máximo galardón en la Semana de la Crítica. La obra, que obtuvo la calificación máxima de la prensa especializada, presenta un relato íntimo sobre la adolescencia a través de un viaje escolar desde Francia hacia las ruinas de Nápoles y Pompeya, en Italia.
La narrativa se aleja de los esquemas tradicionales del género de iniciación para vincular la efervescencia juvenil con traumas históricos y familiares. La trama sigue a un grupo de estudiantes y a su profesora de latín, Mercier, interpretada por Antonia Buresi, mientras recorren reliquias del mundo antiguo. En este escenario, los protagonistas enfrentan procesos de búsqueda de identidad y afecto que resuenan con la estática de las ruinas visitadas.
Identidad y memoria familiar
El eje central del filme recae en Toni, interpretado por Colas Quignard, un estudiante con dificultades académicas cuya conexión con Italia trasciende lo educativo. La historia profundiza en la genealogía del joven, marcada por el recuerdo de su abuela napolitana, quien fue desplazada de su residencia familiar tras el terremoto de 1980 en el sur de Italia. Esta catástrofe natural funciona como el punto de quiebre que vincula el presente del protagonista con una herencia emocional de pérdida y desplazamientos.
Durante el trayecto, la dinámica del grupo escolar revela tensiones internas. Según destacó el diario británico The Guardian, el relato utiliza a personajes como Suzanne, una estudiante brillante pero aislada, para ofrecer un punto de vista sobre el deseo y la exclusión. Suzanne, encarnada por Suzanne Gerin, actúa como narradora en diversos pasajes, aportando una perspectiva femenina sobre la observación y el refugio en la literatura ante la inseguridad personal.
El simbolismo de la Gradiva
La propuesta de Atlan se inspira en la novela homónima de Wilhelm Jensen, un texto que fue objeto de análisis por parte de Sigmund Freud. El filme utiliza el mito de la Gradiva —una figura femenina del pasado que camina— para simbolizar cómo las experiencias reprimidas resurgen en nuevos contextos. Este concepto se aplica a la sexualidad y la identidad de Toni, quien enfrenta sus propios descubrimientos personales mientras explora monumentos petrificados por la erupción del Vesubio.
Por otro lado, la figura de la profesora Mercier representa el desgaste profesional y el vacío existencial. La crítica internacional subrayó escenas clave, como las explicaciones de la docente sobre los frescos eróticos de Pompeya, que evidencian la brecha generacional y la dificultad de conectar con una juventud que procesa sus propios conflictos en tiempo real.
Impacto en la crítica internacional
La puesta en escena establece paralelismos visuales con el cine de Roberto Rossellini, específicamente con la atmósfera de Te querré siempre. Las visitas al Museo Arqueológico de Nápoles sirven para que los traumas antiguos cobren vigencia ante los ojos de los adolescentes, mezclando el lirismo de los paisajes históricos con la crudeza de las traiciones y rivalidades del grupo.
Tras su exitoso paso por Cannes, La Gradiva fue calificada por los especialistas como un debut de alta ambición artística. La distribución de la cinta ya comenzó a gestionarse en mercados europeos, posicionándola como uno de los títulos más relevantes de la temporada cinematográfica actual.



