Mundo
El enigma de Rudolf Hess: el vuelo clandestino que marcó al Tercer Reich
A 85 años del aterrizaje forzoso del lugarteniente nazi en Escocia, persisten las dudas sobre si su misión de paz fue un acto de locura o un plan secreto de Hitler.
Puntos clave de la noticia:
-
Fue el 10 de mayo de 1941. Un granjero escocés vio caer un paracaídas cerca de su casa. No era un piloto cualquiera. Era Rudolf Hess, el segundo hombre más poderoso del Tercer Reich. Dijo llamarse capitán Alfred Horn, pero su verdadero plan era mucho más grande.
Hess voló desde Alemania en un avión modificado. Más de dos mil kilómetros hasta Escocia. Su objetivo era reunirse con el duque de Hamilton para que lo llevara ante Churchill. Llevaba una propuesta bajo el brazo. Paz por separado. Alemania dominaría Europa. Reino Unido mantendría su imperio. Incluso prometía devolver antiguas colonias alemanas.
Churchill no lo dudó. Mandó verificar su identidad y lo rechazó de inmediato. Hess terminó en la Torre de Londres. Luego, en una prisión de máxima seguridad.
En Berlín estalló el caos. Hitler recibió una carta de Hess explicando su misión. Si fracasaba, debían decir que estaba loco. Y eso hicieron. Ordenó negarlo todo. Göring lo llamó demente en público.
Hess era un viejo aliado de Hitler. Estuvo con él en la cárcel tras el fallido golpe de 1923. Ayudó a escribir Mein Kampf. Pero en 1941 ya había perdido poder frente a otros líderes nazis. Muchos creen que voló a Escocia en un intento desesperado por recuperar su lugar.
Acabada la guerra, lo juzgaron en Núremberg. Cadena perpetua. Desde 1966 fue el único preso en Spandau. Su número era el siete.
El 17 de agosto de 1987 se suicidó. 93 años. Se ahorcó con el cable de una lámpara. Dejó una nota agradeciendo a su familia, pero nunca explicó por qué voló a Escocia. Ese secreto se fue con él.
El 10 de mayo de 1941, el granjero escocés David McLean presenció el descenso en paracaídas de un piloto alemán cuyo avión se estrelló cerca de su propiedad en Escocia. El hombre, que inicialmente se identificó como el capitán Alfred Horn, resultó ser Rudolf Hess, lugarteniente de Adolf Hitler y el segundo hombre más importante del Tercer Reich, quien pretendía negociar un acuerdo de paz unilateral con el Reino Unido.
Hess despegó desde Augsburgo en un Messerschmitt 110 modificado para alcanzar una autonomía de 2.500 kilómetros. Su objetivo era contactar al duque de Hamilton, a quien esperaba utilizar como puente para una entrevista con el primer ministro Winston Churchill. Tras ser capturado, el jerarca nazi presentó una propuesta formal que incluía el reconocimiento de la hegemonía alemana en Europa a cambio de respetar el Imperio británico, además de la devolución de antiguas colonias alemanas.
La reacción de Churchill y el colapso en Berlín
La respuesta británica fue de absoluta incredulidad. Churchill, tras ser informado por el duque de Hamilton en Downing Street, ordenó que un experto identificara al prisionero. Una vez confirmada su identidad, el primer ministro rechazó cualquier negociación y dispuso el encarcelamiento de Hess en la Torre de Londres, para luego trasladarlo a una instalación de alta seguridad conocida como "Campo Z".
En Alemania, la noticia provocó una crisis interna. Hitler recibió una carta de Hess donde este explicaba que, en caso de fracaso, el régimen debía declararlo loco para evitar responsabilidades diplomáticas. Según registros históricos, el líder nazi reaccionó con furia y ordenó comunicar a Benito Mussolini que Alemania no buscaba una paz por separado. Hermann Göring, jefe de la Luftwaffe, calificó públicamente a Hess de demente para justificar la brecha de seguridad que permitió el vuelo.
Ascenso y caída del heredero de Hitler
Hess fue uno de los colaboradores más antiguos de Hitler, con quien compartió celda tras el fallido golpe de Estado de 1923 y colaboró en la redacción de Mein Kampf. Sin embargo, para 1941, su influencia política se había erosionado frente a figuras como Martin Bormann y Heinrich Himmler. Expertos sugieren que el vuelo fue un intento desesperado por recuperar el favor del Führer antes de la invasión a la Unión Soviética.
Tras el fin de la guerra, Hess fue juzgado en los procesos de Núremberg. Aunque evitó la pena de muerte, fue condenado a cadena perpetua por crímenes contra la paz y conspiración. Desde 1966 hasta su muerte, fue el único recluso en la prisión de Spandau, Berlín, donde se le asignó el número siete.
El 17 de agosto de 1987, a los 93 años, Hess se suicidó en una sala de lectura del jardín de la prisión utilizando el cable de una lámpara. En una nota final, agradeció a su familia por el apoyo durante sus 40 años de cautiverio, pero mantuvo un silencio absoluto sobre los detalles y motivaciones reales de su vuelo a Escocia, dejando uno de los mayores misterios de la Segunda Guerra Mundial sin resolver.
