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Sociedad

La Paz resiste entre el asedio de las protestas y el desabastecimiento

Las movilizaciones que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz paralizan el centro paceño y disparan los precios de la canasta básica. Los ciudadanos enfrentan una rutina de explosivos, gases y una inflación que triplica el costo de los alimentos.

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La Paz: marcha exige renuncia del presidente mientras el resto de la ciudad trabaja.
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Puntos clave de la noticia:

La ciudad de La Paz enfrenta una dualidad crítica marcada por la violencia de las movilizaciones y el esfuerzo de la población por mantener su economía de subsistencia. Mientras sectores de la Central Obrera Boliviana (COB), campesinos y grupos vecinales de El Alto mantienen el asedio al centro paceño para exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz, los mercados populares intentan operar bajo una lógica de alerta constante y precios que se han triplicado en las últimas semanas.

En zonas como la Garita de Lima y la avenida Buenos Aires, la rutina de los comerciantes se interrumpe abruptamente ante el avance de las columnas de manifestantes. Grupos de hombres con rostros cubiertos y explosivos lideran las marchas, obligando al cierre inmediato de puestos callejeros. Una vez que la columna atraviesa los barrios, los vendedores reinstalan sus productos en un ambiente de resignación, tratando de mitigar el impacto de un aislamiento que ya afecta el suministro básico en nuestro país.

El impacto en el costo de vida

La crisis política ha derivado en una escalada inflacionaria que golpea directamente el bolsillo de las familias paceñas. En los centros de abasto, productos esenciales como el huevo han alcanzado los 70 bolivianos por maple, mientras que el kilo de carne de res supera los 120 bolivianos en los pocos puntos donde aún se comercializa. Incluso en la estatal Emapa, el precio del pollo se sitúa en 35 bolivianos por kilo, una cifra que desborda los presupuestos habituales de las amas de casa.

"Llevate pues casera, el 25 a 40 bolivianos te voy a dar", ofrece un vendedor de naranja-lima, reflejando cómo frutas que antes eran accesibles se han convertido en artículos de lujo. La escasez de productos provenientes del resto del país, debido a los bloqueos y la inestabilidad, ha provocado que el precio de tubérculos y verduras se cuadruplique en sectores populares como El Tejar y la zona Rodríguez.

Contraste entre el conflicto y la cotidianidad

A pocos kilómetros de los mercados, el centro de nuestra ciudad se transforma en un escenario de enfrentamientos. El uso de dinamita y gases lacrimógenos es constante, afectando la salud de los transeúntes y dañando la infraestructura urbana. La Policía Boliviana ha denunciado el uso de petardos modificados por parte de los manifestantes, advirtiendo que estos artefactos tienen potencial letal.

Sin embargo, la movilización presenta matices. Al finalizar las jornadas de protesta, muchos manifestantes se retiran utilizando las líneas del Teleférico para retornar a sus hogares en El Alto, mientras otros, como los Ponchos Rojos y las Bartolinas, permanecen en plazas y jardines cercanos a la Terminal Interdepartamental. Allí, sobre aguayos extendidos en el pasto, consumen alimentos traídos desde sus comunidades mientras aguardan nuevas instrucciones de sus dirigencias.

Pese a que el presidente Paz afirmó recientemente que se avanza en una agenda de trabajo basada en el diálogo con los sectores movilizados, la tensión en las calles no cede. La ciudadanía paceña, atrapada entre la exigencia política y la necesidad económica, intenta normalizar una crisis que ha alterado profundamente la vida diaria en la sede de gobierno.

Este contenido ha sido elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y supervisado por el equipo de Metro.