Sociedad
La generación Z en Bolivia posterga la maternidad por estabilidad económica
La tasa de fecundidad en nuestro país cayó a 2,1 hijos por mujer en las últimas dos décadas. Las jóvenes priorizan metas profesionales y estabilidad financiera ante la crisis.
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La maternidad en Bolivia ha dejado de ser un mandato social inmediato para convertirse en un proyecto condicionado a la estabilidad económica y el desarrollo profesional. Para las mujeres de la generación Z en nuestro país, nacidas entre 1997 y 2012, la decisión de tener hijos se posterga frente a la necesidad de alcanzar metas personales y un equilibrio emocional que consideran indispensable antes de formar una familia.
Según los datos más recientes de la Encuesta de Demografía y Salud (EDSA) del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de fecundidad en Bolivia registró un descenso significativo en los últimos 20 años. En 2003, el promedio era de 3,8 hijos por mujer, mientras que para 2023 la cifra cayó a 2,1. Este indicador refleja un cambio estructural en las prioridades de las bolivianas, especialmente en el rango de edad de los 15 a los 34 años.
Economía y metas personales como barreras
La situación financiera actual es el principal factor de disuasión para las jóvenes. Camila Cardona, de 24 años, señaló que las dificultades para independizarse influyen directamente en la visión de su generación. "Para nuestra generación es un poco más complicado tener casa, auto y prácticamente sobrevivir; tener un hijo es un costo, personalmente yo no tendría", explicó Cardona, quien a pesar de provenir de una familia numerosa, prefiere no tener descendencia.
Para otras, el deseo de ser madres persiste, pero bajo una planificación rigurosa. Jessica Padilla, de 25 años, afirmó que la maternidad es parte de sus sueños, aunque supeditada a la realidad laboral. "El día que me case, planificaría. Tendría que ver mi realidad y ver cuántos hijos podríamos tener", dijo. En esta misma línea, Yorgely Tapia, también de 25 años, situó la maternidad en un quinto o sexto lugar de sus prioridades, anteponiendo viajes y estabilidad financiera.
El nivel educativo también juega un rol determinante. El informe del INE destaca que las mujeres con mayor formación académica tienden a tener menos hijos. Esta tendencia es más marcada en departamentos como Chuquisaca, que registra la cifra más baja del país con 1,8 hijos por mujer, mientras que regiones como Potosí, Beni y Pando aún se mantienen por encima del nivel de reemplazo poblacional.
Nuevas visiones sobre la crianza compartida
El debate entre las jóvenes bolivianas no solo se centra en el cuándo, sino en el cómo. Existe una demanda creciente por una responsabilidad compartida en el cuidado de los hijos. Abigail Claure, de 26 años, sostuvo que la crianza ya no debe ser una obligación exclusiva de la mujer. "Ahora, con el trabajo y las posibilidades actuales, la crianza pertenece tanto al padre como a la madre", señaló.
Sin embargo, persiste la percepción de que el mayor peso sigue recayendo sobre las mujeres. Tapia lamentó que, independientemente de los deseos de equidad, la responsabilidad mayoritaria suele ser femenina desde la concepción hasta la crianza. Por su parte, Brigitt Castillo, de 25 años, enfatizó que antes de asumir este rol es fundamental contar con estabilidad financiera y valores sólidos para transmitir a la siguiente generación.
El estudio del INE también revela cambios en las estructuras de pareja en Bolivia. Entre 2008 y 2023, el porcentaje de mujeres casadas descendió del 37,8% al 27,3%, mientras que las uniones libres o concubinatos subieron del 22% al 26%. Este panorama sugiere que la postergación de la maternidad en nuestro país es una respuesta pragmática a un entorno económico y social que las jóvenes perciben como más exigente que el de sus predecesoras.
